•Querido viejo amor

Querido viejo amor, 
Te confieso que el orgullo nunca me ha dejado avanzar del todo y lo siento siempre fui así… bueno, no realmente, me convertí en esto luego de mi primero corazón roto, ya sabes tú también has tenido experiencia, después de que estamos destrozados internamente y pasamos por todas las facetas de un rompimiento, finalmente llegamos a la aceptación y es cuando nos damos cuenta de todo lo que tenemos o tuvimos a nuestro alrededor. 
Me convencí de que era una mujer tan completa que no tenía que aceptar que me quisieran a medias, sabía lo que era, creía en mí y en mis metas por eso no era de las mujeres que esperan que las escojan porque sabía que podía ser de las que podían escoger.  

Con el tiempo aprendí que los hombres se enamoran de lo que ven y las mujeres de lo que escuchan por eso las mujeres se maquillan y los hombres mienten. Mi rebeldía interior me hizo actuar diferente, no quería seguir estereotipos sociales ni ser la típica damisela en peligro que siempre espera que alguien la rescate, por eso comencé a prepararme para salvarme a mi misma cuando fuera necesario. En lugar de sentarme a esperar que vinieran por mi preferí salir y aventurarme en un mundo donde podría encontrar alguien más que se asemejara con mi personalidad, yo no espero un príncipe porque la verdad es que no soy una princesa; bueno si, pero no de las tradicionales, soy una princesa del siglo 21, de esas que les gusta hacer diferentes cosas todo el tiempo, de las que apuestan por una vida extraordinaria en lugar de una rutinaria, de esas que están dispuestas a sufrir los altibajos emocionales con tal de tener una experiencia más y una nueva historia para escribir y contar.

He limpiado mi mente del “No puedo” y no sabes cuanto me ha costado pues me he encontrado con gente que me han hecho juzgar cualquier cosa que hago. 

Todos sabíamos que no era la mujer para ti, o tal vez si, solo que nunca lo pudimos descubrir. Tu paso por mi vida me ha dejado una experiencia más, una de esas que nunca voy a olvidar. Después de tanto tiempo siento que aprendi una nueva manera de amar, porque sin duda hay tantas maneras de amar como posiciones para hacer el amor. Querido viejo amor, tu tampoco eras un príncipe, o tal vez si, pero no un príncipe azul, también te gustaban los desastres por eso te quedaste conmigo. Temporalmente cabe destacar porque en un par de días te volviste a marchar. 


Tu despedida me hirió profundo, penetro desde mi corazón hasta lo mas alto de mi ego, y entonces desde que no estas volví a cambiar, creaste un Big Bang interno que al explotar creo una nueva versión de mi; una más responsable, más estable y más tolerante. Ahora reconozco perfectamente mis debilidades, ya no me creo la mujer maravilla porque asumi que soy una persona increíblemente cambiante y que eso no esta mal, es algo natural y lógico. Absurdo es llevar siempre el mismo estilo de vida, pensar siempre lo mismo y actuar en base a lo mismo. ¡Que aburrido!. Aunque en mil ocasiones me han llamado egoísta y “yoista” contigo no he podido serlo del todo, yo pienso en ti, no te miento y aunque quisiera que estés aquí también quiero que seas feliz, por eso te envío un rayito de luz cada vez que vuelves a mi mente, ese que con amor y cariño iluminara tu vida y tu camino, te guiara y finalmente te ayudará a encontrar un amor a la altura de tu corazón. Nos distanciamos por cosas del destino, por eso no quise desear que te quedaras conmigo. Un escritor me enseñó que lo que pasa una vez puede no volver a suceder, pero lo que ha ocurrido dos veces, sin duda volverá a ocurrir una tercera; nosotros a pesar de ser pasionales e intensos también fuimos temporalmente cortos. Así que rezo para no volverte a encontrar porque sé que mi corazón no lo podría tolerar. 


Mil veces te deje saber que nadie se muere por nadie pero ahora estoy aquí, al borde del delirio con un deseo interno de que tus labios finalmente besen los míos. La sed que me dejaste trato de sacearla en el mar, porque ese es el único lugar donde me pierdo y me vuelvo encontrar. Sin embargo vivo con la dicha de soñar que tal vez logremos coincidir en otras vidas ya no tan jóvenes, ya no tan torpes, ya no tan tercos ni testarudos… ojalá te vuelva a ver y que esa vez, no te vayas de una vez. 

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