• Baile improvisado

Esta noche soy una espectadora más, veo mis notas tratando de retomar la historia que en el momento quería contar, pero la música me distrajo y aún lo sigue haciendo. En las bocinas, suena ‘amor y control’ de Ruben Blades.

La chica del vestido negro acompañada por sus amigas lleva, al menos una hora y 20 minutos siendo descaradamente observada por un chico rubio al otro lado de la sala. No hay que ser expertos en amor para adivinar, que el chico se muere por invitarla a bailar, pero ella es latina y él, en lugar de columna vertebral tiene una cabilla.

A un lado de la hoja que está en mis manos escribo que ahora, mi papel en este lugar ligeramente lujoso, se trata de elevar una plegaria para que las cosas en el mundo sean un poco diferentes.

Que los ‘te amo’ no se queden atascados en las gargantas, que las invitaciones se conviertan en acciones; en lugar de quedarse dentro de los miedos. Que los suspiros se conviertan en besos y que las miradas no se desvanezcan con el tiempo.

Que los ‘te extraño’ se digan con ganas, como si realmente tu vida se acabara mañana. Que la gente que se ama, se puedan encontrar para que puedan hablar y así concretar esa oportunidad de finalmente, juntos poder estar.

La música cambia y enseguida vuelvo a perder el hilo, ‘Versace on the floor’ de Bruno Mars, es lo que ahora penetra mis oídos. Hecho un vistazo al Dj, para decirle de una forma telepáticamente inmadura que ha hecho una muy buena elección; pero enseguida note, que no fue de él la intención. El chico rubio fue quien le pidió la canción, y caminaba decidido hacia lo que desde hace rato le llamaba la atención.

Sonrío a la chica del vestido y en su oído algo susurro, ella, tan simpática como ligeramente apenada se sonrojó pero acepto. Acto seguido, ambos estaban encantado ojos familiares y ajenos, en el centro de la pista de baile, bailando, lo que posiblemente sería, la única canción que él pudiera bailar.

Fue el acto más romántico que hasta el momento he podido presenciar, ese chico ha despertado la envidia de mil mujeres más. Le dio significado a una frase muy popular, esa que dice que ‘no hay nada más especial, que alguien que quieres baile contigo, aunque no sepa bailar

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Las mujeres, por algunas veces ser caprichosas y querer hacerse las interesantes, terminan espantando al hombre que realmente quiera amarles y respetarles. Tal vez lo que diste antes te dolió, pero también pudo ser una lección para que aprendieras a valorarte y a poner límites claves.

Sin embargo aunque queramos hacernos ‘las duras’ tenemos que aceptar que, en el fondo, nos encantan este tipo de ridiculeces.

Algunas no buscamos príncipes, nos enamoramos del primer loco que este al nivel de nuestra locura.

PD: Si te gusto, ve a la última publicación de @sapiosexualsite y comenta con una muñequita bailando 💃🏻

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