• Sueño teatral.

Y ¿como te explico?. Has dejado en silencio a la niña del millón de versos, la misma que no para de soñar que te está comiendo a besos en un cuarto encerrado con cristales empañados. Pero a plena luz del día, le cuesta verbalizar un té quiero. Aparentemente, está aprendiendo.

Cariño, hay personas que, aún sin querer, reparan corazones que nunca rompieron. Y esas, son las mismas que al encontrarte hecho pedazos, aportan cantidades industriales de la mejor energía para devolverte entero. ¿Qué quieres que te diga? Haz sido uno de eso.

Mentir, sería decir que lo he hecho todo sin tu ayuda; Aunque tal vez, en todo lo anterior también tengas algo de culpa. “Pequeñas fogatas, aún en la distancia, calientan más que grandes y cercanos incendios”, así dice uno de mis versos, escritos hace tiempo con tu nombre en mis pensamientos. Y tal vez, no hayas tenido ni la menor idea, no te culpo, soy buenas escribiendo (creo), pero no hablando. Confirmé que estaba en el lugar equivocado cuando durmiendo en compañía soñaba que eras tú quien dormía a mi lado. Desde entonces, me pasa seguido, me aterra y me encanta, me impulsa a atreverme y luego me detiene. Y entonces llega la noche y es mi parte favorita del día…

La habitación es oscura, una luz tenue ayuda a descifrar donde está lo que quiero, no lo veo, no llego, pero algo me alcanza, no es algo, es alguien, unas manos apenas visibles me encuentran y no me sueltan. Existe en ellas el empleo ligero de la fuerza, Par de palabras pronunciadas a duras penas con una respiración acelerada o entre cortada, me cuesta descifrarla, pero me dice: “no te vayas”, hay algo que huele divino, y antes de que pueda pronunciar, alegar o tal vez balbucear alguna palabra, unos labios ya rozan los míos. ¿Dije rozan?, corrijo, unos labios devoran los míos, al principio me sobresalta la fuerza, pero enseguida mis nervios pierden protagonismo y comienzan a ser dominados. Me gusta. Sin pensarlo demasiado, continuo con la obra de teatro y me dejo llevar por el actor principal. caminamos, sin soltarme las manos me hace retroceder hasta que caigo de espaldas sobre la cama, sin intercambio de palabras alguno ya estoy boca abajo, me quejo internamente por el atrevimiento, pero se siente bien, una mano se sumerge entre mi camisa y pasea sobre mi espalda. La camisa como que pronto dejará de formar parte de la obra y tendrá lugar en el piso del teatro. Suaves y emocionantes, (por no decir excitantes), besos recorren parte del cuello, la nuca y luego la espalda… se aleja, quiero más…

Y despierto… ¿Morfeo, me concedes 5 minutos más? tal vez 20, o mejor y si no es mucha molestia, mejor que sea la vida entera, todavía no he debutado como estrella.

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