EXcusas.

Me encantaría, como siempre, tener el placer de hablarte de frente y decirte todo lo que me he auto censurado durante este tiempo, pero por alguna razón, no se puede. No culparé al destino o al universo, me cansé de buscar responsables para que me expliquen este desastre en el que nos hemos enredado.

Que me llames cobarde ya no es un insulto, de hecho lo he transformado en un buen cumplido que acepto a mucha honra. Digo, no se le llama valiente a una persona que duerme con la piernas recogidas, las luz encendida y un peluche entre sus brazos porque, ya sabes… uno nunca sabe lo que pueda pasar en la oscuridad. Aunque si hubieses sido tú, el que se metiera en mi cama en plena penumbra, a lo mejor la cobardía ya no seria lo mío, porque contigo no me hubiese dado taquicardia al apagar La Luz.

Sin más justificaciones, escribo, como buen cobarde que Te amo, porque el valor que necesito para decírtelo se me ha perdido. Así que me expreso por este medio que es incluso más significativo y trascendente que mis propias palabras. Y lamento con cada partícula de mi cuerpo que a estas alturas no se haya dado ese encuentro tan esperado. Me moría de las ganas que tú me provocabas. Y aunque en mi sano juicio sería incapaz de ser desleal, contigo correría el riesgo de despertar con remordimiento. O tal vez no, nadie se arrepiente de obtener lo que quiere. 

Somos tan iguales que puedo pensar que estarías de acuerdo y firmarías el contrato con todas las condiciones alfabetizadas, simplemente por no dejar la incertidumbre en el aire de que la conexión entre nosotros dos era real y no un invento a distancia nuestro. Pero al mismo tiempo, estarías actuando en contra de esa regla inquebrantable tan tuya, porque a ver ¿qué sentido tendría nuestra historia después?.
¡Gracias a Dios existen los golpes de estado!
Somos tan parecidos que me tomo el atrevimiento de pensar por ti y responderme a cambio. Ambos somos un caos, y esa no es noticia nueva; de hecho tal vez sea el gancho. Amor maravillosamente imposible mío, yo no me despido sin dejarte saber que yo siempre tuve la certeza, así como de que el viento existe, que tu y yo estábamos hechos el uno para el otro, que nuestra historia pudo haber entrado en la lista de las pocas cosas perfectas que existen, que el amor era honesto así como cada muestra de cariño y afecto.
Mi deseo aquella noche en el muelle era que me dieras un beso porque yo haría el resto. No se porqué, pero me encantabas.
Yo supongo que para ese entonces tu estarías en la posición en la que estoy yo ahora mismo. A veces el universo no te da lo que quieres cuando lo pides, sino cuando estas preparado. Es la única explicación lógica que encuentro.

Te amo, tuya, X.

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