• Equilibrio

¡Vaya palabra! para algunos es sinónimo de rutina. Despertar, tomar una ducha o no, desayunar o no, ir a trabajar, pagar las cuentas, dormir y así… Para otros, como mi amigo Esteban, el equilibro es sinónimo de desastre, es dormir cada noche en un lugar diferente con una mujer diferente. No establecerse, mantener su trabajo para pagar lo correspondiente y a veces andar de aquí para allá como mochilero, conociendo lugares, cervezas y personas.

Hace casi tres años que decidí llevar el budismo como estilo de vida. Me parece una religión maravillosa con la cual me identifico; Y a diferencia de lo que digan los “ateos” saciar el alma es una necesidad humana tan vital como la necesidad por hambre o sed. Nadie vive por vivir, todos tenemos que creer en algo. Tu religión por ejemplo, puede ser un sentimiento o un valor, como el amor o el respeto; por ti mismo, por el prójimo y por el mundo. Ser budista, a palabras mas, palabras menos, es simplemente ser la mejor persona que puedas ser, en busca de la paz mental y la iluminación.

Esa frase que los yoguis llaman: la base sánscrita fundamental del yoga. “más vale vivir tu propio destino imperfectamente, que vivi la perfección del destino de otra persona” yo la he convertido mi nuevo mantra favorito, y todo porque como buen mantra, le da una función a la mente y al corazón y me recuerda que no importa cuantas veces pierda el equilibrio de mi vida, lo realmente importante es cuantas veces estaré dispuesta a recuperarlo de acuerdo a mi esencia y no a la ajena. Pero como hasta las heridas bien curadas vuelven a doler de vez en cuando, de la misma forma actuamos los adultos cuando sacamos a nuestro niño interno cada vez que se nos presenta una dificultad. Aunque ya haya pasado un tiempo, en las adversidades es fácil volver a esa etapa infantil en la que nos victimizamos y entonces culpamos a todo y a todos. Hasta que nos damos cuenta que ya no es como antes, que las excusas ya no tienen el mismo efecto manipulador en las personas que nos rodean y entonces nos toca a nosotros mismos convertirnos en nuestro propio superhéroe y tomar responsabilidad de nuestros actos.

Para recuperar el equilibro que alguna vez perdí, tuve que obligarme a recordar quien era yo, tuve que cuestionarme si lo que estaba haciendo era lo correcto para mi o para las personas que me rodean. Tuve que comenzar a enumerar y escribir, literalmente, una a una las razones por las cuales seguía sintiéndome tan miserable y culpaba, como dije anteriormente, a todos y a todo. Pero nadie llego a solucionarme la vida mas que con una cláusula bastante popular esos días. “no te reconozco”. Y entonces me cansé, me obligué a ser fuerte y protegerme. Entre mis propias letras encontré mi fortaleza, yo sabía quién era, simplemente estaba en una etapa de rebeldía adolescente en plena flor de la adultez porque había decidido voluntariamente, llevar un estilo de vida según las indicaciones de otra persona, dejando mis creencias en segundo plano.  

Dejé de compararme y ese fue el primer paso, todo lo demás vino después. Y es cierto, no soy de esas chicas a las que todo le queda bien, pero no puedo evitar quererme a mi misma, respetarme a mi misma, valorar mis emociones, mi conocimiento y mis principios por encima de los pensamientos y la moralidad de terceros. Volvi a hacer las cosas a mi manera, alejando el sentimiento de culpa en situaciones en las que me crei egoísta, pero todos tenemos una paz que nos pertenece, por lo tanto es nuestro deber como individuo reclamarla o en su defecto protegerla de quienes buscan arrebatarla a través de sus propias insatisfacciones personales y carencias.
Así que cada vez que sientas haber perdido el balance, recuerda esos momentos en los que te sentías pleno y vuelve a ellos, pero ahora más maduro, más responsable y menos victimizado. Cada cierto tiempo necesitamos cerrar ciclos y cuando nos rehusamos, la vida y el universo, tan sabios como perfectos, nos obligan a hacerlo de una manera salvaje. Así que dedica tu vida a trabajar en tu inteligencia emocional y no te sientas mal de decir adiós a quienes consideras que ya no te aportan. No tiene que ser un hasta nunca, puede simplemente ser un hasta luego, pero para avanzar y curarte, te tocará estar en abstinencia social el tiempo que sea necesario para reconciliarte contigo mismo y asimilar con madurez ese cambio que ha marcado un antes y un después en tu vida. Cuando regreses, no te desanimes si los demás no creen que cambiaste, no tienes que hacer nada para demostrarle a todos que eres alguien mejor. El tiempo les dará la respuesta, se amable, se inteligente y por sobre todas las cosas, se libre de la critica y las malas energías.
Restablece tu propio equilibro con la mejor energía, recuerda que todo es temporal y dependerá de ti si quieres que en el futuro, todo sea mejor.

¿Que estás dispuesto/a a hacer o que has hecho para defenderte?

#Sapiosexualsite

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